Respeto. Por Fear

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Respeto. Por Fear

Uno de los tantos términos manoseados en el contexto de la lucha libre en general es el concepto de “RESPETO”.

Respeto por la disciplina, por el compañero, por el público, por el equipo de trabajo, por el ring y un largo etcétera que en el caso particular de este artículo quisiera limitar a ciertos aspectos que con el último tiempo he ido tomando mayor consideración.

Y es que una lesión, permite abrir un campo importante de reflexión al momento de analizar el rol de uno mismo dentro del circuito y todo lo que esto conlleva.

Varios me preguntan “¿como va la lesión?, ¿cuando la vuelta?¿cuanto falta?” y entre todas las vueltas mentales que eso involucra, el principal motivo por el cual no he regresado al ring como tal es netamente por una cuestión de respeto.

Y cuando hablo de respeto, busco conjugar un poco de todo lo que planteaba anteriormente, porque cuando el cuerpo no te permite ejercer esto como corresponde, es cuando comienza uno a faltar el respeto de cada componente de este gran sistema.

Y es que si yo me subo al ring sin estar “a tono”, o en las condiciones propicias para que así sea, es cuando empieza uno a denostar el trabajo tanto de uno mismo, como el de su rival, el tiempo del público, el equipo que montó el ring, el promotor que pidió tu servicios y así un amplio etcétera…

Lamento tanto haber sido altamente irresponsable en mi formación, ya que no fue hasta ya bien aporreado que me di cuenta que el cuerpo en esta disciplina no es una cuestión a tomarse a la ligera.

“¡ES OOOBVIO!” (Diría un buen amigo que tengo) Nuestros músculos son la armadura que nos ayuda a resistir los incesantes golpes, caídas e impactos que este deporte conlleva, y es lamentable que no todos los que participamos de esto, se sumen a esta idea.

Porque la mayoría de los que hoy estamos en esto, partimos como unos pendejos alzados que seguian la lucha en la tele, VHS y luego en internet, y que sólo querían hacerlo por lo entretenido que es, lo bakan que se ven los luchadores y a la mierda el resto, total, “me sale weno”.

Pero ya pasaron esos tiempos. Los años corren, las articulaciones truenan, los tendones se cortan, los musculos se atrofian y las cabezas están más experimentadas, a punta de golpes y lesiones, propias o ajenas, por lo que transmitir estas experiencias, es lo que mejor uno puede hacer a los que vienen integrándose.

Son incontables los “luchadores” que se suben al ring sin haber entrenado en meses, sin prepararse, sin alimentarse como tal o peor aún, sin siquiera desarrollarse lo suficiente como para poder hacerlo, y es ahí donde cae mi NO intención de volver al ring en lo inmediato.

El alta médica me la dieron hace como 3 meses, pero mi intención de retornar al cuadrilátero no será tal hasta que sienta que mis capacidades y la respuesta de mi cuerpo estén altura de lo que mis compañeros presentan, de lo que el público exige y de lo que mi trabajo involucra.

Convengamos que estoy lejos de ser un referente en este aspecto, tampoco digo lo contrario. Sin embargo, soy consciente de mis limitaciones y de que si no me pongo las pilas, no voy a lograr nunca llegar siquiera a la condición en la que me encontraba antes de lesionarme.

Pero si puedo decirles en base de la experiencia, que en un amplio espectro general no somos nada, y si queremos serlo tenemos que sacarnos la chucha para lograrlo.

Con el pasar de los años he podido compartir camarines con luchadores de talla mundial, y si hay algo que nos diferencia de sobremanera son las EVIDENTES aptitudes físicas.

Por que hasta los físicos más brigidos de la escena local, como Macho, XL o Engranaje por nombrar algunos, se ven enanos al lado de los colosales extranjeros, y si bien hoy por hoy, el concepto físico (al menos, de tamaño y peso) se ha ido relegando un poco más al final dentro de los estándares internacionales, es inaceptable sentirse cómodo con la idea de no tener un cuerpo a la altura de los que se requiere para hacer esto.

Porque es entretenido subirse, hacer un espectáculo, “pegar” la maniobra de momento “para ver si me sale”, subirlo después a las RRSS, vanagloriarse de ello y después poner en tus preguntas de instagram “Donde me quieren ver luchar?” sin siquiera tener el nivel necesario para ello.

Por eso prefiero demorarme, por que quiero estar a la altura, quiero que mis capacidades no queden en duda bajo ninguna perspectiva.

Quiero que cuando tenga un rival en frente, el weon se canse, sufra, que sienta que están sacando lo mejor de uno, y para ello, hay que prepararse, hay que estar capacitado, hay que poderse la raja.

No hablo de esperar a convertirse en Brock Lesnar para ponerse a luchar, pero si tener un mínimo de atención especial para que tu trabajo corresponda a las exigencias mínimas que esto involucra.

Porque cuando uno se sube al ring, no sólo está parado ahí por uno mismo. Está parado sobre el trabajo de un equipo, acaparando la atención de ellos y del público y si uno no se prepara para ello como debe, entonces, es una falta de respeto.


Aprovecho de agradecer a los que me han ayudado en el proceso de despavilar esta idea durante estos años. Los que me han entregado su granito de arena, ya sea con una rutina, un ejercicio, otorgándome espacios, un tip alimenticio o algún dato random pa que de alguna u otra forma este maldito cuerpo pueda mejorar.

La lucha libre no es webeo, no le falten el respeto.




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